31.12.08

El olvido del futbolín

Acabo de encontrarme el rastro de un olvido. Me había sentado a escribir y, mientras espantaba motas de polvo de entre las teclas, lo he visto en el interior del pulgar derecho. Como es lógico, al principio sólo he vuelto a ver los últimos restos de ampolla con los que llevo tropezándome toda la semana. Pero enseguida he recordado que la ampolla viene de una tarde de futbolín. O de las muchas que no había jugado hasta la del sábado pasado.

Después de comer, las chicas salieron a pasear y nos quedamos en una sala con un viejo futbolín restaurado que no necesitaba monedas. Un sueño de muchos años: la posibilidad de infinitas partidas. Así que seguimos y seguimos: prohibido para la pelota en la delantera, y a diez goles, con dos de ventaja. Seguimos incluso cuando se fue la luz fuera y la única bombilla cubría de sombras la cancha. Seguimos porque nada obligaba a parar. Son las cosas perfectas que uno desea de niño: una tarde entera jugando al fútbol en un parque con buen césped, sin cansancio, con goles de tacón, sin padres que llamen a merendar; hasta que oscurezca. Algo así sucedió el sábado. Después de marcar diez goles, se podía empezar otra vez desde el principio. Y marcar otros diez. Y volver a empezar. Hasta que anocheció y nos fuimos yendo. En el coche hablamos de esa tarde perfecta. También pensé que querría tener un futbolín como aquel, para llamar a tres amigos y construir tardes perfectas. Poco después –quizá esa misma noche– lo olvidé todo.

Hasta hace un rato, cuando me senté a escribir y volví a encontrarme los restos de ampolla con los que me había tropezado toda la semana. Es –claro– el rastro de un olvido. El de los años que he dejado pasar desde la última vez que había jugado al futbolín. Por eso tengo en el dedo algo tan raro, un recordatorio de una desmemoria. Si hubiera intentado más a menudo una tarde perfecta, la ampolla no me habría encontrado tan cándido el dedo. Pero ya digo que lo que ahora veo son los últimos restos. Dentro de nada ya no estará. Quizá escribir esto sirva para recordarme que olvidé, y que no quería. Y para el logro imposible de saber qué es eso que olvidé.

21.12.08

Los pillos y Doña Manolita

Acabo de pasar por delante de Doña Manolita, una administración de lotería rodeada desde hace semanas por una perenne cola que dobla la esquina. Son los que más venden en Madrid para lo del Gordo de mañana. Estaba cerrado, pero el pedazo de acera de la puerta seguía repleto de gente.

Se han instalado allí cuatro o cinco vendedores que solucionan el descontento por ver cerrado el sitio a los compradores de última hora. Está una pareja que ha desplegado una mesa de cámping y ha colocado un cartel del Doblón de oro, otra administración de lotería de aquí al lado, en la Puerta del Sol. Están ellos y está también un señor mayor que enseña a los viandantes siete u ocho décimos recogidos con una pinza. Y también una chica morena y regordeta con más variedad. Y un chico con gafas de cristales muy gruesos que lleva lo suyo en un portafolios.

No sabía que pensar de todo esto hasta que un hombre que pasaba por allí se ha tropezado con el de las gafas, que en lugar de mirar al hombre ha revisado inmdediatamente si le faltaba algún décimo del portafolios.

P.D.: La foto la ha hecho Henrique Mariño, que también cuenta la historia.

8.12.08

–¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?
–Depende mucho del punto donde quieras ir –contestó el Gato.
–Me da casi igual dónde –dijo Alicia.
–Entonces no importa qué camino sigas –dijo el Gato.
(Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carrol)

5.12.08

Yoda y el espejo

El domingo por la tarde vi a un niño de cuatro años atravesar el espejo. Cuando caminaba por la plaza Mayor de la mano de su padre, vio a un tipo disfrazado de Yoda que aguantaba muy quieto encaramado a una caja. Se detuvo y levantó la cabeza para mirar al padre. “Vete a luchar con él”, le animó. El niño miró al Yoda, miró arriba de nuevo, y salió corriendo con un globo blanco anudado en forma de espada. A llegar a dos metros del muñeco, se frenó de repente y se lo quedó mirando. “Lucha con la espada”, gritó el padre. El niño siguió como estaba. Congelado frente a la ficción.

Evidentemente desconozco lo que le pasó por la cabeza al niño durante esos segundos que no se atrevió a blandir la espada contra el muñeco. El Yoda también permaneció quieto: tampoco sé qué le pasó por la cabeza al tipo que estaba dentro del disfraz. Yo, por mi parte, veía claramente un duelo realidad-ficción. Teniendo en cuenta que quien llevaba la espada-globo no había cumplido más de cuatro años, el primer movimiento sería decisivo. Al menos, de qué consideración tenía cada uno de ellos de quien se encontraba colocado al otro lado del espejo. Cuánto de ficción y de realidad quedaba a cada lado. Así que, desconociendo qué pensaban el niño y el muñeco mientras se miraban, merece la pena fijarse en lo siguiente que sucedió. “Dale con la espada”, insistió el padre. El niño miró atrás y movió levemente el globo hacia el Yoda, que a su vez empuñaba una espada de luz, esa especie de fluorescente con mango. El muñeco aguardó hasta que el niño detuvo el ataque tres o cuatro centímetros más tarde. Entonces levantó su arma con igual lentitud hacia el rival, que pegó un grito y echó a correr de vuelta hacia el padre.

También evidentemente, desconozco el motivo del grito, la huida a la carrera y los lagrimones que no se habían detenido todavía cuando abandonamos el campo de batalla de los dos lados del espejo. Imposible saber si por exceso de realidad o por demasiada ficción. Imposible también conocer lo que quedó dentro del muñeco mientras el niño huía de él.

4.12.08

¿Para qué contar?

En 1956, después de que le susurraran "hay un fusilado que vive", Rodolfo Walsh persiguió la historia del ajusticiamiento de cinco personas por el gobierno argentino en la Operación Masacre. Fue publicando la historia a pedazos en papeles de poca circulación y en el 1957 la reunió en un libro. En 1964, le añadió un epílogo dolorido. Habían pasado siete años y hacía balance: "Quiero decir lo que he conseguido con este libro, pero principalmente lo que no he conseguido".

El libro no sirvió para lograr reconocimiento para los que murieron ni para los que se salvaron. Tampoco para las viudas y los huérfanos. Ni para juzgar y castigar a los responsables. Sólo anota una victoria, haber podido desentrañar lo que sucedió y haberlo contado. Pero el epílogo termina como derrotado:
Entonces me pregunté si valía la pena, si lo que yo perseguía no era una quimera, si la sociedad en que uno vive necesita realmente enterarse de coas como estas. Aún no tengo una respuesta. Se comprenderá, de todas maneras, que haya perdido algunas ilusiones, la ilusión en la justicia, en la reparación, en la democracia, en todas esas palabras, y finalmente en lo que una vez fue mi oficio, y ya no lo es.
Releo la historia que ustedes han leído. Hay frases enteras que me molestan, pienso con fastidio que ahora la escribiría mejor.
¿La escribiría?

1.12.08

La vida de los fantasmas

No sin cierto orgullo, nos dice: "Ésta es la Biblioteca de Boma". Nos presenta a la bibliotecaria y su ayudante. Pero ¿y los libros? No hay uno solo. Nos explican que están guardados en cajas, en distintos depósitos, pero que, algún día, se construirán estantes y los libros serán traídos aquí y esta habitación se llenará de lectores. Entretanto, la bibliotecaria y su asistente vienen puntualmente a sus puestos de trabajo, donde pasan las ocho horas reglamentarias.
Mario Vargas Llosa contaba este domingo su visita a Boma, la capital del Congo. Según cuenta, una especie de galería de trabajos imaginarios. Además de en la biblioteca, encuentra atareados con ocupaciones fantasma en una estación de ferrocarril de la que hace mucho que no sale ningún tren y en un taller de reparaciones en el que ya no quedan trenes que desguazar.

Dice Vargas Llosa que eso que se ha encontrado "es una manifestación de esperanza, una manera de resistir la desesperación, de proclamar a los cuatros vientos que hay un futuro, que la vida -el trabajo- volverá a renacer y que el desgraciado país que es el suyo resucitará de sus cenizas, como un Ave Fénix". Sin embargo, parece más una condena masiva de encadenados al pasado. Como fantasmas.

25.11.08

El arte de la impredicción

Están los que ya lo habían visto venir todo. Pero resulta mucho más complicada la impredicción. El New Yorker publicó el primer perfil de Obama en 2004, y no incluía ninguna opinión que previera que iba a ser el primer presidente negro de Estados Unidos, pese a que tenían al menos una. William Finnegan, el autor de aquella pieza, cuenta ahora algo interesante: en lugar de decir que él ya lo sabía, pero que no le permitieron decirlo o cualquier otra contrariedad, explica por qué dejó esa predicción fuera del texto.

Una de las entrevistadas, la congresista demócrata Jan Schakowsky, sí le hizo la predicción ahora cumplida. “Pero [lo que decía] —explica Finnengan— era demasiado impreciso, demasiado amplio, demasiado parecido a un eslogan. Salir y decir “el primer presidente negro” no sólo parecía absurdamente prematuro, sino de mal fario”.

Y más. Es que, según Finnegan, y ahí está la clave, entonces aquello no era cierto. Recuerda que muchos estaban de acuerdo en que reunía las cualidades necesarias, pero “lo que entonces no sabía nadie —cuenta— es si Obama tendría la resistencia, la oportunidad o la simple y tonta suerte de llegar a salvo adonde lo ha hecho”.

21.11.08

Txeroki contra Moriarty


Llevo unos días pensando que, con lo bobo que es Txeroki según casi todos los finos analistas, en realidad cazarlo no había tenido ningún mérito. Casi un engorro debe de haber sido. Quizá los tipos que le echaron el guante se tropezaron con él en algún pasillo y, claro, ya se sabe que en un pasillo se complica el mirar para otro lado. Pero vaya: porque andaban por allí, que si no.

Si no, aquí, es como lanzar a Sherlock Holmes a perseguir rateros iletrados entre la bruma de Londres. Como Txeroki, pongamos, que dicen (con delectación notable lo dicen) que no ha leído un libro en su vida, y que es de un bruto… Ahí empieza el lector a desear que Sherlock se pase del 7% en su disolución de cocaína. Empieza incluso a tantear bajo la cama por si encuentra unas babuchas con las que pasarse él mismo con la disolución. Porque, evidentemente, Sherlock es Sherlock gracias a que Moriarty llegó a acabar con él empujándole al fondo de los acantilados de Reichenbach. Si no, viéndose tras la pista de rateros iletrados, se habría arrojado él mismo por la ventana. Sin embargo, Moriarty le dio la oportunidad de encontrar el modo de refugiarse en un risco y desde allí trepar de nuevo a la senda, por la que astutamente caminó con las botas calzadas al revés. Sherlock vivía convencido de que andaba persiguiendo a un genio. De haberse visto tras las huellas del bobo Txeroki, probablemente ni siquiera habría intentado trepar por las rocas de Reichenbach. Tampoco habría caído al risco, porque nada le habría llevado hasta allí. Se pasaría la vida intentando no tropezar con el bobo en un pasillo, donde no poder mirar para otro lado. Nunca habría querido retratarse al pie de la escalerilla del avión que se lleva al bobo, como hicieron los policías franceses. Ni compartir novela habría querido.

Siendo Txeroki tan bobo y chapucero (con programas de encriptación anticuados y matrículas falsas imposibles, el pobre), no se entienden las fotos de los agentes. ¿Qué hacen prestándose a salir en el mismo libro que Txeroki? ¿Son los únicos que no saben que no ha leído un libro en su vida? ¿No quieren ser Sherlock?

20.11.08

Pornografía infantil, no

Casi no llego a tiempo, pero aún no es medianoche, y Paco dice que vale hasta medianoche. Cuenta muy bien de dónde viene la campaña. El principio nos ha sucedido a todos, pero esta vez Nacho de la Fuente y él decidieron empezar algo:

3 de junio:

“Leo la noticia de hoy con desánimo y me pregunto, ¿pero cuántos se dedican a esto?

Una verdadera multitud, por lo que veo. La noticia se repite varias veces al mes desde hace años. Voy al buscador del periódico y me salen 455 informaciones de este tipo desde el 2000. Una del 2005 dice que las denuncias por pornografía infantil se triplican cada año. De hecho, en el 2006 y en el 2007 (particularmente en los dos últimos meses del año pasado), la propia hemeroteca lo demuestra. En el 2008 vamos también disparados.

La pregunta es, ¿qué nos pasa?

La policía llamó a esta última operación, la enésima, “Operación lobos”. Me parece adecuado”.

25 de junio:

Nueva redada con más de 40 detenidos por tenencia y tráfico de pornografía infantil. Ya lo dije en otra entrada, ¿pero cuántos son? Desde que escribí aquello, el 3 de junio, se han producido otras dos detenciones masivas.

Claro que siempre nos podemos excusar en aquello de: “Ya ocurría antes, pero no se decía”.

Me acordé también de esta columna, por la cita de Manuel Castells que recojo allí sobre la explotación sexual de los menores”

6 de agosto:

“Esta entrada es larga, aviso. Y contiene una cita, también extensa, de Romano Guardini, el filósofo y teólogo italo-alemán (Verona, 1885-Munich, 1968).

En junio, los días 3 y 25, publiqué dos entradas tituladas “Pornografía infantil”. A partir del 29, apenas escribí en el blog. Como, además, empezaba la época de vacaciones para mucha gente, supuse que las visitas bajarían mucho. Esos primeros días no miré las estadísticas. Luego sí, y comprobé que el número de visitantes era bastante inferior, pero no tanto como cabía esperar. Me puse contento como un idiota. Llegué a dar las gracias en el propio blog el día 3.

Unos días de descanso después, volví a mirar las estadísticas: las visitas no bajaban y publicaba sólo la columna de los sábados, el día de menos audiencia en internet. Como no lo entendía, miré un poco más: las páginas más visitadas eran las dos sobre pornografía infantil que mencionaba antes. Me fijé en las consultas a los buscadores y la mayoría de ellas provenían de personas que buscaban ese tipo de pornografía. Algún día pasaban de los dos centenares. Provenían de todos los países de habla hispana y de algunos más (…)”.

A raíz de un intercambio de comentarios a esta entrada (”Nacho, se me ocurre que, quizá, podríamos promover que muchos blogs publicasen una entrada titulada “pornografía infantil” que tuviera como único texto “No a la pornografía infantil en internet”, o algo parecido, y como única etiqueta “pornografía infantil”. ¿Volveríamos locos a los que utilizan los buscadores para localizar esas infamias? Tú sabes más y a lo mejor tiene contraindicaciones”), Nacho propuso el cartel, que es suyo, y el plan de la campaña para el día 20 de noviembre.

Empezamos a recibir sugerencias sobre otras palabras que convenía incluir para marear a los buscadores: “angels”, “lolitas”, “boylover”, “preteens”, “girllover”, “childlover”, “pedoboy”, “boyboy”, “fetishboy” o “feet boy”.

Nos pusimos muy contentos con los cincuenta primeros blogs que se adhirieron.

Hoy han sido muchos más.

18.11.08

Los diarios y las alturas

Tampoco era una gran cumbre la que me llevaron a ver el sábado: 1.054 metros, un paseo, decían los asiduos. En realidad no era nada, pero en el pico Monsacro, quizá por el silencio, uno se siente suficientemente lejos como para comenzar a pensar que la vida es algo que sucede abajo, y que eso de ahí arriba, en el silencio, nada tiene que ver con lo que repta por el suelo.

Ya en la bajada, al ver de lejos un hombre tumbado en la hierba al lado de una mujer, me imaginé que habrían subido precisamente por eso, por el alejarse. De más cerca, vi que el hombre tumbado leía un diario, que teóricamente lleva dentro aquella vida que repta por el lejano suelo.

Entonces ya no supe si podía seguir pensando lo mismo, si era posible que el hombre anduviera huyendo de aquello mismo que le veía degustar. Quizá esa especie de versión portátil de la vida no se parece tanto al original como se dice, y uno puede sentirse lejos pese a sostenerla en las manos. O tal vez sí es como la vida, pero en páginas, lo que otorga la tonta oportunidad de saltar a lo siguiente, o incluso a lo de otro. Tal vez eso permita disfrutar con tanta placidez aquello de lo que se huye.

Evidentemente, también puede que no se trate de nada de lo anterior, o sólo de una pequeña parte de todo. Pero creo que si comprendiera mejor a ese hombre que subió hasta allí con un periódico a leerlo en la hierba, entonces sabría algo más acerca de en qué consiste mi oficio.

12.11.08

Anotaciones japonesas (12)

Conocimos el traductor de D.H. Lawrence al japonés comiendo brochetas de pollo (yakitori) en la barra de un bar de Kioto. Al principio, cuando no sabíamos que era el traductor de D.H. Lawrence al japonés, él parecía mucho más sorprendido de vernos en una barra de un bar en Japón. Su sorpresa casi era susto.

–¿Cómo habéis encontrado este sitio? Tenéis mucha suerte –dijo, e hizo una pausa para tomar un bocado de pollo–. Tenéis suerte de haber encontrado este sitio. Buena comida a precios muy razonables. Mucha suerte. ¿Cómo lo habéis encontrado?
–Lo vimos en una guía –le dije, pero su asombro no le dejaba oír bien.

El cocinero, que seguramente había visto ya llegar antes a otros muchos como nosotros, y sabía perfectamente cómo había sido, sonreía en silencio. Manejaba una pequeña parrilla de leña detrás de la barra en la que cabían dos hileras de ocho o nueve brochetas. Les iba dando la vuelta a gran velocidad mientras escuchaba el asombro de aquel hombre calvo y algo bronceado, del que entonces no sabíamos nada.

–Tenéis mucha suerte –insistió.
–Ya. La verdad es que están muy bueno todo –a punto de terminar lo primero que habíamos pedido, estábamos ya dándolo vueltas a qué más íbamos a probar.
–No es fácil encontrar sitios como éste en Kioto.

Entonces, el cocinero, sin dejar de girar los palillos de las brochetas, le confirmó que el local aparecía mencionado en una guía, y nuestro compañero de barra se quedó más tranquilo. Como si acabara de estallarse el globo del enigma.

A partir de entonces, dejó de mirarnos como si tuviéramos antenas naranjas saliendo de la frente. Éramos como cualquier cliente de siempre de los de aquella barra. Aunque recién llegados. Quizá por eso se esforzó en explicarnos algunas cosas. Como el gusto de los japoneses por lo diminuto, algo en lo que insistió bastante. O que aprenden el idioma con el lado derecho del cerebro, como sucede también con la música en cualquier parte del mundo, y que ése es el único modo de no sufrir problemas con los caracteres kanji.

Ya en confianza, nos recomendó que dejáramos de beber cerveza o agua y que nos pasáramos al shochu, una especie de brandy de sake. Entonces fue cuando llegamos a la fase de contarnos que hacíamos cada uno cuando no estábamos en aquella barra con las brochetas de pollo.

–Traduzco del inglés.
–¿Qué tipo de libros traduce?
–A D.H. Lawrence. El del amante de lady Chatterley. Pero no esa novela. He traducio los ensayos, y ahora estoy con las cartas.

Se agachó y levantó una bolsa de papel que había apoyado a sus pies bajo la barra. Metió la mano y sacó un taco de unos 250 folios entreverado de marcadores de colores. "Esto es en lo que estoy trabajando. Ya casi lo tengo terminado", dijo, y rápidamente devolvió la bolsa a su refugio en el suelo. Podía haber sido esa traducción o el manual de instrucciones de un frigorífico. Casi ni lo vimos. Pero allí se terminó la historia.

Charlamos un rato de nada hasta que se agotó esa nada. Pagamos la cuenta, nos intercambiamos direcciones electrónicas y dijimos adiós. Cuando ya caminábamos hacia la puerta, recuperó el aire inicial de atrapado en el interior de un enigma, y se despidió: "Habéis tenido mucha suerte de encontrar este sitio".

[Todas las anotaciones japonesas] [Fotos del viaje a Japón]

Fútbol flotante

Y el sueño se hizo realidad. El Real Unión recuperó por una noche el sabor de su historia, ésa que le hizo un hueco entre los grandes hace ya muchas décadas y eliminó con toda justicia al todopoderoso Real Madrid. A doble partido, para que no quepan dudas. ¡Qué bonito es a veces el fútbol! Hazañas como la de ayer compensan de largo tantos sinsabores. El gol de Eneko Romo en el minuto 89 quedará en la memoria. "¿Te acuerdas...?", preguntaremos.
Así empieza la crónica que publica hoy el diario Gara del partido en el que el Real Unión de Irún eliminó ayer al Real Madrid de la Copa del Rey. Aunque ni la Copa ni el Rey aparecen por ninguna parte en un texto que parece un malabar que pinta un partido que flota en la nada. De todas formas sí incluye algunas pistas: "doble partido", "la eliminatoria", "que pase el siguiente".

11.11.08

Encuentros con el olvido

Me topé el otro día con un pedazo de mi propia desmemoria. Aunque se trataba de un fragmento menor, que bien estaba acomodado en el olvido. La cosa fue como si al recuperar unos pantalones antiguos y hundir las manos en los bolsillos hubiera encontrado, en lugar de una moneda, o una espina, un puñado de cáscaras de pipa.

Yo andaba buscando un libro mientras hablaba por teléfono, cuando de detrás de una estantería salió una antigua compañera de colegio. Retiré el aparato unos centímetros y la saludé, dispuesto a seguir enseguida hacia otra zona y dar el tropezón por cerrado. Pero ella, muy amable, dijo que no me preocupara, que terminara, que ahora hablábamos.

Me separé unos metros y seguí con el teléfono, confiando en que se cansara, o encontrara lo que buscaba, y se fuera. No había nada en mis recuerdos en contra de L. Tampoco a favor. Un olvido vacío. Como las cáscaras. Pero sin papelera a la vista.

Durante un par de minutos, rondé entre libros que no me interesaban, porque lo que había ido a buscar se encontraba justo donde se había quedado L. Y mientras rondaba recordé la frase que me había llevado allí: "Hay un fusilado que vive". Como cuenta Leila Guerriero –que ha sido mi mejor editora– fue la frase que lanzó a Rodolfo Walsh a perseguir la historia de los crímenes de Estado en la Argentina de los 50 que terminó en Operación masacre. Un fusilado que vive, un montón de cáscaras sin cenicero.

Se me terminó lo que tenía que decir al teléfono, tomé aire, y regresé hacia L. Bueno, pues ¿qué tal? Bien, ¿qué tal? Cuánto tiempo. Sí, quince años... por lo menos. Por lo menos. ¿Y en qué andas? Haciendo casas. Ni casarme, ni niños, ni nada raro de eso (yo le enseñé mi alianza). ¿Y cómo por Madrid? Unos días de vacaciones. Qué bien. Bueno. Pues que te vaya bien. Me alegro. Hasta otra.

Así nos fuimos, perfectamente listos para otro olvido mutuo de 15 años. O eso pensaba yo. Porque al llegar a casa, mientras leía el prólogo en el que Walsh relata la obsesión provocada por la frase del fusilado (que a mí me había enviado tras el mismo libro), yo no dejaba de pensar en el posible efecto sobre la memoria de L. de la mancha de salsa picante que acababa de encontrarme bien visible en los pantalones.
En realidad todos nos contamos la historia de nuestra propia vida con la ilusión de seguir siendo nosotros mismos: vivimos con la idea de que no podemos conocernos, pero sí narrarnos.
(Ricardo Piglia, citado por Enrique Vila-Matas en Dietario voluble)

8.11.08

Obama caleidoscópico

Tenía estos días una idea de lo que le sucede a casi todo el mundo con Obama a la que no terminaba de ponerle palabras. Hasta que he encontrado lo que dice Marshall Reese, un editor de vídeo que trabaja con Antoni Muntadas en un proyecto de videoarte:
He’s an empty screen, on which people project what they want him to be.

31.10.08

Camba y un rey

Se ha producido el prodigio de que la reina ha hablado, y me he acordado de una historia que Camba publicó en 1923.
El rey de bastos y un rey constitucional
Durante su última estancia en Londres, un rey, cuyo nombre no hace al caso, visitó cierto centro al que yo solía asistir con gran frecuencia. Allí habló largamente con unos y con otros, se retrató con varios y cenó con la mayoría.
–¿Y qué tal? –les dijo yo a algunos amigos–. ¿Qué impresión les ha producido a ustedes?
–¡Oh! ¡Magnífica! –me contestaron–. Es un rey verdaderamente inteligente...
Yo no he dudado nunca de la inteligencia del rey en cuestión. Por eso me choca este afán con que todo el que habla con él se apresura a proclamarla.
En su caso, yo me ofendería. La palabra inteligente, en efecto, me parece un adjetivo par perros más bien que para personas. ¡Si se tratase de decir que el rey de que hablamos posee una inteligencia excepcional, superior a la del promedio de sus súbditos!... Pero cuando yo les rogué a mis amigos que me repitieran alguna de las máximas profundas en donde esa inteligencia privilegiada se hubiese revelado, me dijeron a coro que no tomase el rábano por las hojas.
–¿Es que hace falta ser un Séneca para ser un hombre inteligente? –me contestaron–. No. El rey no ha dicho ninguna máxima profunda; pero durante un par de horas ha hablado con nosotros de temas muy diversos y no ha incurrido en ninguna tontería. Y aquí no cabía eso de haberse aprendido la lección, ni por el tiempo que duró la charla, ni por las diferentes materias que se trataron en ella...
Es decir, que, al llamarle inteligente, mis amigos no se proponían otra cosa sino afirmar que el rey en cuestión era un ser dotado de inteligencia. ¿Qué idea tendrían esos hombres de la realeza? Llega un rey a una reunión. Se habla de Polonia. Se ve que el rey ha leído, poco más o menos posee sobre la política polaca las mismas vagas ideas que uno posee. Además, se ve que habla llanamente, como todo el mundo, diciendi "sí, sí", "claro está", "me hago cargo", "desde su punto de vista no deja usted de tener razón, pero por otro lado..." y cuando el rey se va, las gentes se quedan estupefactas.
–Pues oiga usted –le dice uno a otro–. ¿Sabe usted que tienen razón los que dicen que este rey es inteligente?
–Muy inteligente... Sumamente inteligente... –contesta el otro.
Y es que es inútil. Ni los monárquicos ni los antimonárquicos puden imaginarse a un rey como a un hombre de carne y hueso queu lee periódicos y fuma pitillos. Para la mayoría de los hombres, un rey se parece más a un rey de bastos o de copas que a un compañero de tertulia. Todas las cualidades vulgares nos resultan maravillosas en un rey: el que tenga sentido común, el que le guste el arroz, el que juegue al billar, el que use cuellos blandos o cuellos de pajarita...
(Aventuras de una peseta, Julio Camba)

Libertad de expresión selectiva

[visto en Escolar.net]

30.10.08

Bomba

Leo, por ejemplo, lo que publiqué esta mañana y confirmo mi impresión incubada durante las últimas semanas de que vivo con retraso. Hoy, la sexta vez que le ponen una bomba a mi universidad, quizá este llegar tarde crónico tenga una ventaja: puedo robarle a los amigos las palabras que no encontré ni casi tuve tiempo de buscar, mientras andaba a la caza de otras.
Es jueves, once de la mañana, estoy en clase de CIE2 Ficción, en el edificio de Comunicación de la Universidad de Navarra. ¡Brommm!
"No ha sido un rayo, ha sido una bomba", digo a los alumnos.
Entre los alumnos empiezan los nervios.
"Este edificio es un búnquer, tranquilos". El edificio de Comunicación de la Universidad de Navarra tiene paredes de hormigón. Siempre he dicho, medio en broma medio en serio, que aguantaría un bombardeo.
Las opiniones vuelan contradictorias: que desalojamos, que nos quedamos, que me quiero ir a mi casa, que... Les digo que nosotros aguantaremos trabajando en la práctica, como los músicos del Titánic. Que escribiremos hasta morir. Pero la gente no quiere morir, al menos no quiere morir hoy, ¡qué cosas! La mayoría deja el edificio.
(de Eresfea)
Gente triste, tristes asesinos. Hoy han puesto una bomba en mi casa.
(de J.)
Hace años lo viví personalmente: entonces fueron varias bombas en el Edificio Central de la Universidad de Navarra y yo estaba almorzando justo enfrente, en los comedores universitarios. Recuerdo con mucha viveza la sensación de impotencia. (...)
Como siempre, la Universidad de Navarra saldrá ganando: son así de idiotas.
(de Paco)
Es el sexto atentado que sufre la Universidad de Navarra, de donde se induce que a los etarras no les gustamos nada de nada. Ellos a nosotros tampoco nos gustan en absoluto. Esa cadena de atentados es un cursus honorum para los que amamos la libertad. La diferencia es que nosotros les perdonamos de antemano, también este atentado y también lo haríamos si se hubieran producido muertos. Mi mujer tenía clase en el Central una hora más tarde. Hubiera pasado por allí mismo. Pero insisto en el perdón.
(de Álvaro)
La Universidad es el lugar del pensamiento, del diálogo, de la razón. Quienes trabajamos aquí sabemos que ese es el motivo de que quieran acabar con nosotros, pues representamos valores diametralmente opuestos a los de ETA. Y a mucha honra.
(de Ramón)
Iré a dar una clase dentro de un mes, ahora con muchas más ganas de las que ya tenía, para hablar a los alumnos de Periodismo de algunas pequeñas historias en las que late la vida. Lo mejor de la vida.
Los tristes sicarios de la muerte no tienen ni idea de todo esto. No pueden entender nada. Tienen el cerebro podrido de odio y mentiras. Nunca comprenderán los motivos por los que la Universidad se recuperará del golpe y seguirá trabajando, como lo ha hecho tras los seis atentados que ha sufrido.
(de Ander)

Gracias por las palabras. Y la compañía.

Homero, Lizcano y la selva


Decían el otro día varios periódicos que Óscar Tulio Lizcano, mientras lo mantuvieron secuestrado las FARC, leía a Homero y escuchaba la radio. Para mantener "el contacto con la vida fuera de las profundidades de la selva", decían.

Me quedé un rato pensando en qué tipo de puente pueden tejer La odisea y un boletín de noticias. O La odisea y una tertulia política, un magacín matutino, un carrusel de fútbol. Pensando en eso y en cómo sería atravesarlo y alcanzar, de repente, la vida otra vez.

En ésas estaba cuando leí también que, después de un tiempo, le habían prohibido escuchar la radio. Se quedó así sin oír los mensajes que le enviaba su esposa Martha, que desde ese momento hablaba para el vacío sin saberlo.

Contaban los diarios del otro día que entonces ya sólo le quedaba Homero para caminar a la realidad. Como si allí en la selva, en las profundidades de la selva, no resultara posible la existencia de La odisea. Como si el libro fuera una escotilla al otro lado que se hubiera colado en el paisaje equivocado.

Pensaba en eso, en la imposibilidad de que el libro pudiera estar allí, ese único volumen que parecía haberle acompañado ocho años. Pensaba en eso, en que justo al salir citó a Homero: "La vida está por encima de cualquier riqueza guardada". Pensaba en eso, en la aparente incompatibilidad absoulta de selva y odisea; lo pensaba mientras leía otros diarios, en los que terminó apareciendo un comandante que además de Homero le había prestado Margaret Yourcenar, Nelson Mandela. Entonces regresé al comienzo, y ya nada era lo mismo.

20.10.08

Nosotros tenemos, todos y cada uno, una historia biográfica, una narración interna, cuya continuidad, cuyo sentido, es nuestra vida. Podría decirse que cada uno de nosotros edifica y vive una "narración" y que esta narración es nosotros, nuestra identidad.
(...)
Biológica, físicamente, no somos distintos unos de otros; históricamente, como narraciones... somos todos únicos.
(El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Oliver Sacks)